viernes, 2 de julio de 2010

Sábado.




Erraticamente engendré lo mas puro de mi en el interior de las cavidades mas recónditas de mi ser, erraticamente engendré la semilla que se pudrió y emanó el miedo por las terminaciones nerviosas, creando chispas en forma de circuitos rotos, hasta verlas crecer a cierto punto que ciega quedé.
Ciega. Ciega de miedo. Ciega de ansias. Ciega de sed.

Que tonta me siento al pensar que evitandolo todo podría ser feliz. Que tonta me siento al darme cuenta que ser de piedra nunca fue la mejor opción.

La sed verdadera del veneno que siempre estuvo sobre mi mesa, sobre mi vaso derramado por la alfombra de mi pieza, ese veneno que tomaste apresuradamente mientras yo seguía de piedra, ese veneno que bebí de la forma mas enajenada posible, como fiera acorralada aún asi de la forma mas inocente y pura de los ojos que nunca se despegaron de los tuyos.
El grafito en mis manos, la estufa que simula el calor de tus brazos en trasnoches como esta la hacen distintas al miedo que solía poner mi piel en carne de gallina, el cansancio me da espacio a cortos minutos de detener el tiempo ante la audible tranquilidad mientras el sueño hace de las suyas eclipsandolo todo.
Eclipsando lo audible, lo besable y tocable, esperando la colisión de almas libres, esperando que el sol salga entre ese horizonte que dibujamos con humaderas de cigarro que jamás desaparecieron con el viento.

El invierno solía ser demasiado frío para mi, aún así acostumbré mis terminaciones nerviosas a él amándolo con fervor, la lluvia entre su azar calmaba un poco las distantes y secas noches en que la luna se colaba por mi ventana, esperando que tu aliento se escabullera hasta mi cama.
Solo así ansiaba por primera ves la llegada de la mañana con su brisa porteña que abraza con ternura, esperaba que las margaritas abrieran sus botones a una suerte de la cual nunca creí, una suerte transformada para darme vuelta la tortilla una ves mas.
Aún es invierno, pero ya el frío no se cuela entre mis huesos, imposible ante magna presencia de tu ser cerca de mi piel.

1 comentario:

Anónimo dijo...

Adoro todo de ti, por fuera y por dentro, hermosa y soñadora, así como yo sueño contigo cada día que no te tengo atrapada entre mis brazos y mis piernas, entre sábanas amigas y haciendo mil cosas, por primera vez con un sentido: el de adorarte hasta que me griten los huesos el que adorarte se me hace poco.

 Escribir para vomitar vomitar para eliminar eso que da vueltas por las tripas y la cabeza eso que me atormenta.