jueves, 9 de septiembre de 2010

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Por mucho tiempo pretendimos ser felices, al punto de engañarme o nacer dentro de la cuna de la mentira, solíamos ser un retrato familiar demasiado feliz para ser verdad, jugábamos a fingir y a actuar como si fuera natural.
El cultivo fue muriendo año a año, los errores, la juventud errada y las pocas ganas de vivir momentáneamente arruinaban los bellos momentos, tapándolos con medidas parches que luego serían grandes heridas y cicatrices.
Que chistoso, cuando se debe ser feliz, no es que sea una maldita mal agradecida, pero sacarte la venda de los ojos, ver tu caída libre y luego sentir el impacto en todos tus huesos, el rebote de tus carnes y el flujo que queda carmesí sobre el asfalto.
Prometí ser mejor.
Prometí portarme bien.

No resultó, aunque la culpa nunca fue mía.
No resultó pero tampoco nadie buscó algún culpable.
20 y la cuenta sigue.

Pero parece que aveces aún extraño como si tuviera 7 años.

...
Ahora se viene lo bueno.
Dos identidades y muy poco tiempo.

Dos identidades y dividirse por mil para tapar las máscaras que quedaron colgadas en la pared de atrás.

Nunca pretendí dividirme.

1 comentario:

Unknown dijo...

Me absorbe tu forma de escribir, me agrada bastante. Cuídate loquita.

 Escribir para vomitar vomitar para eliminar eso que da vueltas por las tripas y la cabeza eso que me atormenta.