miércoles, 4 de enero de 2012

Los pies me duelen, tengo el cuerpo cansado, llego a mi casa, nadie está allí, el gato se da unas vueltas para saludarme y luego partir su paseo de las tardes. Pesco el teléfono... y nadie está allí.

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 No sé como sucedió, ni como empecé a vivir guardando y callando, creo que después de tanto comunicar, sencillamente luego de aquello solo h...